jueves, 23 de junio de 2016

A la política en España y los candidatos a presidencia

En más de una ocasión he mantenido una conversación que me interesaba a medias. Solo a medias, porque la mentira aburre y la verdad aburre el doble, pero no puedo negar que a veces se encuentra uno a gente con la que merece la pena hablar. No son muchos y no siempre van vestidos con la ropa que a mí me gusta, pero existen (es verdad que a duras penas), pero están.

En más de una ocasión he hablado con gente que tenía una ideología completamente opuesta a la mía. En otra etapa de mi vida, lejana en la memoria pero no en el tiempo, habría pensando que estaban equivocados y que la razón la tenía yo. Ahora sé que no existe tal cosa, que la razón no la tiene nadie y que esa gente no estaba equivocada, solo era egoísta. ¿Cómo puedo yo decir quien está equivocado y quien tiene razón cuando no existe nada parecido, cuando no estamos hablando de Matemáticas sino de personas? ¿Cómo puedo pensar tan siquiera que la ideología política de unos es mejor que la de otros si yo misma pienso que la verdadera ideología política es inherente a la circunstancia de la persona en cuestión? Que una cosa es lo que se diga y otra cosa lo que se estaría dispuesto a hacer. Habla por los demás y deja que tus actos hablen por ti.

En esta ocasión, estábamos hablando de Política y estábamos hablando de Historia porque sabíamos que van de la mano, porque no tenía sentido hablar del futuro en el presente sin mirar al pasado. Todavía hay gente (cuya conversación no es tan interesante) que te salta con un “bueno, pero eso fue hace cincuenta años, las cosas ya han cambiado, estamos hablando de ahora” o el típico “bueno, pero eso nunca pasaría en España…” Lo primero es una tontería demasiado evidente, lo segundo una realidad incómoda que lleva a error en la mejor de las familias.

 “Eso nunca pasaría en España” lamentablemente solo puede aplicarse exitosamente en los casos buenos, porque el avance y el desarrollo nunca pasarían en España, porque España coge una excusa y la quema y luego utiliza la ceniza como excusa otra vez y luego se queja de que el monóxido de carbono le ha empañado las gafas. Pero en lo malo no, en lo malo no se cumple. Tiene el español el extraordinario don de imitar todo aquello despreciable, deseoso de seguir ocupando el puesto número uno en la lista de fracasos, envidioso de todo aquel que la pifia más sonoramente. La competición de la miseria, la sinvergüenza y la “picardía” la gana España siempre. Y el mundial de fútbol, eso también lo ganó una vez. La educación, la cultura, la honradez, las oportunidades, el apoyo a los emprendedores, la democracia efectiva… Eso son deportes de otra liga, pero bueno, yo creo que sabemos todos ya que España va bien jodida en esto del desarrollo.

Me gusta mirar atrás en la Historia, más bien lo necesito. Seré honesta, me gusta porque me lo estudié y porque lo sufrí y me encanta descubrir las siete mil millones de circunstancias diferentes en las que me ha sido útil, por eso me sorprende y me entristece tanto escuchar tantas y tantas veces que la Historia en los institutos no sirve para nada. Me entristece porque lo dicen mucho, y no solo aquellos de los que me espero cualquier burrada, sino personas que creía tenían más espíritu crítico. Luego pienso que quizá sea porque ellos no han tenido la suerte, a ratos la desgracia, de tener un profesor de Historia como el mío que trabajaba más que ningún otro, probablemente explicando la mitad. Recuerdo que odiaba las clases en las que explicaba las cosas. Al principio odiaba aquellas en las que no lo hacía pero luego me gustó eso de descubrir, de investigar, de leer en quinientos libros diferentes, de juzgar el origen, propósito, valor y limitación, de escuchar, de equivocarme… De aprender, al fin y al cabo. Y es que son tan pocos los colegios los que se acuerdan de eso, de que al final del día se trata de aprender, que cada día me siento más afortunada de haber estudiado en el mío.

Pero el caso no es mi colegio, del que tendría que escribir una tesis de seiscientos folios y no habría acabado de contar todo lo que aprendí, el caso era la política y la Historia. (Ojalá pudiera escribir política con mayúscula, como Historia y Filosofía y Medicina y Arte y el resto de patrimonio cultural, pero soy española y me da hasta vergüenza utilizar la mayúscula para eso.) El caso son las confluencias que más que confluencia me parece una eliminación de la oposición, el caso es un illuminati que va a arreglar España (espero que no diga que le basta con 900 horas de trabajo). El caso es la ineptitud de unos aspirantes a gobernantes que no han sabido gobernar. El caso es la falta de capacidad política, incompetencia en el debate, pésimo discurso y peor negociación. El caso es que ya no queda nada: Gobierno, partidos, autoridades, servicios públicos… Nada existe. Nadie está obligado a nada; nadie quiere ni puede exigirle a otro su obligación (Azaña, 2000, pág. 575). El caso es un rojo que se tiñe de azul (que casualmente da morado, espero que sea solo una caprichosa coincidencia). El caso es una ley electoral que no nos pertenece a nosotros y no procede en nuestro tiempo. El caso es que a España a falta de estudio no la gana nadie y eso se nota, arriba y abajo, desde el primero hasta el último.


¡Cómo me gustaría invitar a los señores candidatos a la presidencia a una clase de Historia de mi profesor! Que les explicase la dictadura del cirujano de hierro, la Segunda República, la guerra civil, el Franquismo, la Transición… Así que desde aquí les comunico a los señores candidatos que, aunque ellos no hagan nada por mí, aunque les importe todo una mierda, aunque recorten en lo que de verdad importa y se paseen en coches oficiales a terrazas para tomarse quinientas relaxing cups of café con leche (como si tuvieran algo de lo que relajarse) y no sean competentes ni para acordar quién va a formar gobierno (aunque sea entre relaxing cup y relaxing cup), que tengo un montón de apuntes de Historia de España y que si quieren se los presto (y sin intereses, vaya a ser que los desahucien de la Moncloa, ¡menudo disgusto!). Espero que tengan tiempo entre tanto viaje a Suiza y tanto blanqueo, tanta mentira y falso compromiso y que se sienten a leer, aunque solo sea un poquito. Seguro que descubren un montón de cosas. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario