jueves, 29 de diciembre de 2016

En realidad todo y nada al mismo tiempo

Ver una película y que se te remueva la vida. Supongo que tristemente es algo normal cuando ya llevas media vida intentando engañarte a ti mismo con la idea de que la vida no se trata solo de conformarse, de acostumbrarse al cambio (más bien a la ausencia de), de aguantar y dejar que la vida se nos escape entre los dedos. El problema es que aún no llevo ni media vida. Solo son 19.

El caso es que he visto una película y se me ha removido. Todo. La recomendaré, a pesar de ello, porque creo que la película es buena de verdad y porque la actriz, la actriz es maravillosa. Realmente la película era buena pero hay veces que las cosas sencillamente te tocan, porque sí, sin necesitar en realidad una razón aparente y hay veces que lo que para otro es solamente una estación de tren, una niña comiéndose un caramelo o una película, para uno es mucho más. En realidad no es la película y todo es la película al mismo tiempo. En realidad dan igual las escenas en el tren, la mirada de ella, la lluvia, su manera de dibujar, esa maldita libreta que llevaba a todas partes… Todo eso da igual.

Pero de repente estás viendo una película y de repente te das cuenta de que te has equivocado en todo, de que no sabes dónde tienes que estar pero sabes que no estás en el lugar adecuado. Y es que, de nuevo, esto no es para mí. Es tan sencillo y a la vez tan difícil que se me hace cuesta arriba saber ya en lo que me equivoco.

No sé si me gustaría hablar con alguien. No creo. Nadie lo entendería. Y el intento de explicarlo sería demasiado difícil y demasiado absurdo y no llegaría a ninguna parte, tan solo, probablemente, a que me sintiera todavía más loca.

A lo mejor todo esto viene de la envidia, de la envidia que sentía por la chica del tren, de la envidia que sentí el otro día por aquella chica que salía del maldito casting. Probablemente no la cogieron, no me malinterpretéis, pero no la envidio por eso. Ella entró.

A veces me pregunto cuándo empezó todo a ir mal, pero no me gusta pensar mucho sobre eso. Me deprime saber que fue hace tanto tiempo. Hace casi dos años ya. Joder, parece que fue ayer y fue hace casi dos años. Yo ya no soy la misma de antes y lo peor es que creo que nadie se da cuenta. A veces no me doy cuenta ni yo. Cuando no pienso, cuando no pienso no me doy cuenta ni yo. Pero entonces veo una película.

Veo una película y empiezo a pensar que tal vez no deba de escuchar a “los demás”. “Los demás” también se equivocan. Tal vez “los demás” no tengan más razón que yo, pero tal vez “los demás” no sean ellos. Tal vez sean otra parte de mí. Tal vez estén tan dentro de mí que no tenerlos en cuenta sea imposible.