Y entonces me di cuenta de que el único problema era que ya no creía en mí.
Antes lo había hecho, ¡Dios mío, cuánto lo había hecho! Antes era invencible. Y
era feliz, aunque aún eran cien pájaros en la cabeza y posiblemente no habría
cogido ni uno volando, aunque probablemente hubiera salido mal, aunque solo era
yo la que veía el mar lleno de posibilidades, pero era feliz. Y entonces empezó
a ser real y las palabras empezaron a destruir, a golpe de espada o a cañonazos
todas las casitas de madera que con tanta ilusión yo había construido.
Yo debía de ser idiota, de verdad, para creer en una cosa así. Como tú hay diez mil. Ese mundo es muy
superficial. De verdad, estás muy equivocada si crees que las cosas son así de
fáciles. Es que de verdad, con todo lo lista que eres, parece mentira que digas
estas cosas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario